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Letras

CUANDO "NOS ACOMPAÑAN LOS MUERTOS"

No sé si puedan ganarse las virtudes de los muertos que sabemos amar, ¿y si ganáramos con tanto amor sólo sus defectos?

artificial peresgay

Retrospección que parece convertirse en una responsabilidad de la que no se era consciente. Mirar hacia atrás con curiosidad, pero que cuando se acompaña con verdadero ímpetu esa retrospección se vuelve un trabajo complicado, hay ahí, en la simple mirada que retorna los años, dos historias: la que se cuenta y la que se vive, pero al fin y al cabo ambas son las que nos forjan y en las que estamos.

Rafael Pérez Gay (1957) hace un recorrido en la memoria entre el deterioro que surge de las imágenes guardadas en ella, reflejado en las palabras del pasado y en lo que se puede tener a la mano durante el presente. ‘Nos acompañan los muertos’ (novela del 2009) no es un viaje hacia la nostalgia, sino de recapitulación y reflexión: no se trata sólo de ver cómo han cambiado las cosas, sino que ese cambio es constante y arrebolado en todo sentido. Por un lado, cuando un hijo deja de ser sólo un hijo y tiene que cuidar de sus progenitores, de encargarse y velar por ellos, ese lugar común al que muchos llegan en tiempos actuales pero que todavía resulta desconocido como tierra virgen al que pocos se atreven a explorar del todo, ¿qué hace con tal situación?, ¿se le debe al pasado por todo lo que hizo por nosotros o simplemente se tiene que avanzar sin más?; por otra parte los recuerdos se hacen presentes, como un anuncio que más invitan a esa reflexión, haciendo notar el camino recorrido.

La temporalidad juega un papel importante, la pérdida no se refiere sólo a la de las cosas que se han visto afectadas por el paso de los años en la ciudad, pues mientras el deterioro que se refleja en algunas cosas –el envejecimiento de otros o el desgaste de uno mismo– cual advertencia de una muerte que nos sigue pero de la que en estos casos somos más conscientes al ver ese proceso de una agonía que sin más se hace notar por medio de los seres a los que amamos y nos cuidaron; otras –el juego político, por ejemplo, o la evolución que la vida citadina toma entre más cambios que parecen mirar hacia un bien que o no llega o sólo se promete– obligan a mirar hacia un futuro que no es ya del todo claro para el protagonista, pues también su sombra empieza a menguar, sabiendo que se dirige al mismo sitio que en ese momento ocupan “dos ancianos perdidos en la longevidad”; pero un futuro que no puede ni debe rechazar pues en él estarán sus hijos, un ciclo que aunque no ve fin en lo general, en lo particular uno sólo se despide, sin dejar lugar a dudas al hecho de que “entre más recordamos, más cerca estamos de la muerte”.

Sobre el autor, Rafael Pérez Gay estudió Letras Francesas en la UNAM, además de tener otras obras publicadas en su haber, entre las que se pueden mencionar Me perderé contigo (1988), Esta vez para siempre (1990), Llamadas nocturnas (1993) y Paraísos duros de roer (2006); juntamente ha publicado numerosos artículos y textos sobre literatura francesa a lo largo de su vida, así como ensayos sobre la prosa y el periodismo del siglo XIX en México.

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