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Letras

LA NOVELIZACIÓN DE LO POLÍTICO, O LA POLITIZACIÓN DE LA NOVELA

 

Existen puntos coyunturales en el tiempo que llevan a contener la respiración a nivel nacional, inclusive mundial; puntos durante los cuales debe hacerse notoria la posibilidad de algo nuevo. Aun con ese peso, estos momentos parecieran no notarse del todo, considerando que el tiempo y las situaciones se presentan con fluidez, los cambios, retornos, golpes, caídas y demás, para fortuna de muchos y para desgracia de otros (la mayoría, quizá), son parte de un continuo temporal. Ahora bien, dejando de lado la facultad de los hechos en sí mismo, el valor dado y puesto sobre cada uno a veces parece más una labor de narrativa que objetiva, la manera en que son contados, es lo que dará, finalmente, la fuerza en su momento y a futuro; pareciera ser una ventaja de la historia en tiempos actuales: puede no olvidarse, pero sí reestructurarse; puede estar a la mano lo concreto, pero hundido entre escombros de tergiversaciones y más.

Podrían hallarse ejemplos variados a lo largo y ancho del entretejimiento existente a partir de libros, películas, documentales, poesía, etcétera. Y las cuestiones éticas quedarían a juicios relativos, no concretos respecto a los hechos, pues estos sólo son contados, presentes, el sentir provocado “cambia” según la perspectiva. Es a lo que se refería el filosofo Ludwig Wittgenstein al hablar de la ética como aquello que resultaba místico, es decir, aquello que estaba más allá de los límites de la lógica y el lenguaje. Sin ahondar en esos planos teóricos filosóficos, o pasar a lo sociológico o antropológico (entre otras tantas cosas que pueden abundar en el tema), se pueden tomar casos particulares con los cuales se muestra que el “estilo” y manera de contar algo, cambia la percepción y da a ciertos hechos un peso completamente diferente al original. En primer lugar, puede verse ese juego con “Mad City” de 1997, del director Costa-Gavras (director con varias cintas políticas en su haber, tales como la clásica “Z”) y con las actuaciones de John Travolta y Dustin Hoffman, cuya sinopsis relata cómo los medios (que fuera de esta película no necesariamente deben ser sólo la televisión) logran hacer, a través de la retorica y tendenciosidad buscada, que la opinión pública piense de una forma u otra acerca de un sujeto que (tras no conseguir lo que buscaba en primer lugar) se ve sumergido en una situación de rehenes a las afueras de un museo.
 

Y aunque en el ejemplo de esta película caben otras situaciones, en momentos actuales (no sólo por la importancia de las elecciones, sino porque en sí, todo tema que pueda hablarse es un tema con vigencia), la política toma un rol que tiende a acaparar todo tipo de eventos. Porque la política usa de esas herramientas “literarias” para hacer sus discursos, así como la literatura y tendenciosidad de los medios a veces “justifica” a la política misma, sin importar que sus acciones fueran convenientes o no para la gente.
 
“Pinochet”, documental del 2012, presenta esta situación, si bien hay de por medio hechos que demuestran a este hombre y su gobierno como un cruente dictador, el documental mencionado saca y deja ver su “lado más humano”, con la intención de mostrar que, en realidad, cada acto cometido, cada atentado a la vida humana, era por el bien, “Cientos de presidentes serán olvidados, un General Pinochet vivirá para siempre”, afirma el documental, así como afirma el mal estado en el que se estaba antes de ese 11 de septiembre de 1973 en Chile, inclusive, pese a no estar en el documental, no hay que olvidar que Borges apoyaba esta dictadura. En sí, esta película invita a ver que tras lo “malo” está lo bueno, algo que el discurso “de izquierda” no deja “ver”. Es la “trampa” de lo audiovisual, del discurso: hacer que todo antes del momento deseado parezca lo que uno quiere. Equivocados o no, es lo de menos, porque este tipo de eventos pasan todo el tiempo.
 

Más allá de la “falta de memoria”, se trata de la exposición a la información, pareciera que, como lo demuestran las siguientes ilustraciones de Stuart McMillen, ni Huxley ni Orwell estaban equivocados. El menoscabo se da por todos lados:

01 ORWELLHUXLEY

02 ORWELLHUXLEY

03 ORWELLHUXLEY

04 ORWELLHUXLEY

05 ORWELLHUXLEY

06 ORWELLHUXLEY

07 ORWELLHUXLEY

08 ORWELLHUXLEY

09 ORWELLHUXLEY

10 ORWELLHUXLEY

 

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