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Letras

IBARGÜENGOITIA Y LAS MUERTAS

 

artificial lasmuertas

Llegó a mis manos por una casualidad, en una conversación sobre los estilos de algunos escritores y por mi interés en especial del estilo narrativo, porque para escribir con calidad se necesita leer bastante y conocer otros caminos. Le di una hojeada al libro y encontré entre sus páginas un boleto de autobús del 2013, en ese momento pensé que era un excelente libro ya que uno no elige leer un texto cualquiera en el camino hacia su destino, es decir, el libro que eliges debe ser interesante, que quite el sueño, que haga el trayecto más liviano y que haga olvidar al individuo incómodo (en algunos casos) que esté a tu lado.

“Las muertas” de 1977 del escritor nacido en Guanajuato, no fue su novela más destacada como “Relámpagos de Agosto” o la famosa “Ley de Herodes”; es una mezcla de horror con asombro que provoca curiosidad e incertidumbre por cada personaje, Jorge Ibargüengoitia tuvo la virtud de tomar en sus manos la realidad que lo rodeaba y manejarla para crear un rompecabezas de una segunda objetividad, en la página siete una nota del autor “Algunos acontecimientos que aquí se narran son reales. Todos los personajes son imaginarios” J.I.

La manera en que Ibargüengoitia narra la historia de aquellas mujeres, provoca que olvides la advertencia de aquella página, colocándote en un relato irónico y ácido, protagonizado por las hermanas Balardo. Como referencia de la historia nos situamos en el año de 1964 cuando el periódico Alarma tenía en su primera plana un encabezado escalofriante, se habrían descubierto una serie de crímenes donde un grupo de hermanas apodadas “las poquianchis” estaban involucradas, el caso fue tan grande y de suma importancia que Ibargüengoitia hizo lo propio, tomó tinta y papel para constituir “Las Muertas”.

En la primera escena ya es posible imaginar los rostros, los cuerpos y la personalidad de quienes actúan en la narrativa y aunque presumas de astucia, en el texto de Ibargüengoitia no es fácil conocer el siguiente paso. Todo inicia con una balacera en la panadería donde se encuentra Simón, el saldo final ningún muerto y el reconocimiento de la agresora, este primer conflicto desencadena la historia de las hermanas Balardo, quienes se posicionaron como las grandes “damas” encargadas de brindar servicios de satisfacción sexual a los “caballeros” a través de una extensa variedad de mujeres para todos los gustos, algunas destacaban por tener habilidosa palabra, otras por portar dientes de oro, otras más por poseer su virtud aún intacta. Se narra tal vez uno de los oficios más antiguos que las mujeres han practicado a través de los años, operado con la misma ecuación y con los mismos resultados: peligro, alcohol, sexo, dinero, secretos, mujeres muertas, abortos, culpables e inocentes.

Diecisiete capítulos que narran los crímenes de manera detallada, se puede sentir la desesperación y la angustia de las mujeres que moraban en la casa de las Balardo, sin voz, ni elección alguna, más con disposición para ganar un mísero de dinero, unas tortillas frías y uno que otro alago sin final feliz. En este caso, todos y todas fueron cómplices, desde Simón el panadero, las Balardo, las autoridades, las víctimas, los clientes innumerables y los vecinos del lugar; en los hechos que describe Ibargüengoitia no hay final feliz, ni justicia completa, como se espera en la mayoría de los textos, aquí no.
Aunque el texto tenga tintes propios de la cabeza de Jorge Ibargüengoitia, no aleja al lector de una realidad cercana hoy en día, tener este libro es tus manos puede ser obra de una casualidad, pero te aseguro que será unas de esos azares más enriquecedores que la vida regala.

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