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Letras

HABLANDO DE CULTURA

artificial margarita

 

Es normal escuchar que los conceptos se llenan de significado. Siempre hablamos de cómo la comunicación humana va dando a diferentes palabras contenidos más evolucionados. Hablamos, escuchamos y entendemos. La lengua es un proceso vivo. Los conceptos hombre, sociedad, o cultura no nos llevan ahora a los mismos significados a los que llevaron a otros en otras épocas. Por eso es común, cuando estamos ante un texto, hacer el esfuerzo lector de contextualizar contenidos. De muchas maneras un texto deja de ser actual, depende de qué significado –en el momento de haber sido escrito- llenaba el concepto de una palabra dada.

En el caso preciso del concepto de la palabra cultura la situación parece explotar ante nosotros. Actualmente conviven millones de maneras de entender esta palabra. En cada hablante, el concepto cambia en cuanto cambia de grupo social, de espacio o, simplemente, de conversación. Tiendo a pensar que cultura es un concepto que no se llena de significado –como decíamos antes-, sino que se rellena, como pavo en Navidad. Dependiendo de la concurrencia y en el desarrollo de una sola conversación, el mismo interlocutor puede usar la palabra cultura para casi cualquier cosa. Sin vestirse de cocinero, el hablante rellena su pavo para dar realce a su conversación; haciendo uso de la palabra que parece no poder refutarse, porque ¿quién quisiera admitir que no entiende lo que escucha ante la idea (las múltiples y acomodaticias ideas) de la palabra cultura? Es por ello que creo que es nuestra función, como gestores culturales, no utilizar el concepto cultura como un arma vacía que rellenamos de significado dependiendo de nuestra necesidad del momento.

La cultura es lo que nos hace humanos. Y aunque no encuentro ventaja alguna en definirla, plasmarla e inmovilizarla (y matar con ello su carácter de concepto vivo), me interesa no manipularla al decir que cultura es lo que yo necesito, o que cultura es eso tan bonito que sale de los teatros y los salones de arte, o que cultura es eso tan ajeno que tienen tantas comunidades que yo no he pisado y que probablemente nunca tenga la oportunidad de pisar. La cultura soy yo. La cultura son mis hijos con sus enojos, sus disparates y sus hábitos. La cultura es mi comunidad y lo que de ella emana con cada una de sus expresiones. La cultura es lo que hacemos en un segundo piso de un edificio del centro de Puebla los sábados por la mañana, pero también es cultura la forma en que nos desplazamos para llegar allí, lo que desayunamos por el camino o antes de salir de casa, lo que vestimos, lo que soñamos, con quién dormimos. La cultura soy yo. Solo entendiendo esta realidad puedo extrapolar mi entendimiento hasta una realidad más grande… en esa misma medida, la cultura eres tú, la cultura es él, es ella, somos nosotros, son ellos.

La gestión cultural debe intentar dar un orden a este torrente lleno de vida y de fuerza; pero no como quien intenta canalizar un río, sino como quien acepta la intensidad de la corriente y encuentra los beneficios de aprender a navegarla.

 

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