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Cine

Series B: Cine N(arco)

 

artificial komander

 

Las producciones audiovisuales con la temática de narcos haciendo de las suyas ya estaban de “moda” antes de ser moda. Así como la serie/telenovela “biopic” de Juan Gabriel trajo consigo otras más (de menor calidad ya sea actoral o de producción y que sólo se dieron para aprovechar ese “boom”, dígase para Joan Sebastian, Paquita la del Barrio, José José o Jenni Rivera), pareciera que luego de Breaking Bad las grandes productoras notaran el mercado existente. 

Eso no quiere decir que el tema, los personajes y demás se “descubrieran” en ese momento, la “vida criminal”, sin entrar a las etiquetas de “bueno” o “malo”, como dice Mike Ehrmantraut (Jonathan Banks) en Better Call Saul; era ya algo con mucho potencial en el mercado del cine, ya sea por la intención concreta de vender boletos o por el sencillo hecho de contar una historia, eso: contar una historia. Si al final se volvían o no una apología del crimen es un tema debatible para otro momento.

Empezaremos con lo que significa el cine serie B, sin entrar en detalles de su historia, baste decir que es aquel cine independiente y de bajo presupuesto; eso no indica del todo que cualquier producción similar puede llamarse cine serie B, pues de ser el caso, cualquier producto con esas bases tendría ya entrada a ello; otro punto importante es que la productora (o distribuidora) no da el suficiente énfasis (publicitario o de cualquier otro tipo) en lo realizado. 

Ahora bien, en este tipo de cine, son pocas las obras que trascienden de tal manera hasta volverse famosas, como Plan 9 (que a decir verdad se consideró en su momento cine serie Z, pero hagamos las etiquetas de lado), que de tan mala se hizo buena, o Pink Flamingos; incluso tenemos a nuestro alcance las obras de Tarantino o Robert Rodriguez, que a causa de la fama que se han hecho y el radio que alcanzaron sus cintas con el público, sus obras dejaron de ser consideradas tal cual y formarse su propia línea (una vez más: cuestión de etiquetas).

Por otro lado, hay factores muy importantes que sirven de “sello” para reconocer películas de ese tipo: baja calidad del sonido, movimientos de cámara extraños, todo ello con un manejo que luce “amateur”, y, claro, las actuaciones.

En México este tipo de cine es más común de lo que se puede creer, que se tenga al alcance de una forma más pronta servidores como Netflix, Blim, Amazon, Claro u otros, así como el cine de cadena tal cual, no permite que se sepa o vea tanto como pudiera esperarse, pero hay gente que lo ve y los motivos pueden ser distintos: aprovechar la fama de algún artista, llevarlo a cabo como un ejercicio fílmico, o el deseo sencillo de hacer cine (sin importar si el resultado es redituable o no). 

Dentro del primer caso, se tiene “El ejecutor”, una cinta que puede sentirse demasiado “homemade” a primera vista (porque lo es), pero que en definitiva deja ver que detrás de esa escarabulla que puede causar gracia a los ojos “agudos” o de críticos de sofá que todos podemos llegar a ser, tiene una planeación e intención concreta, sí, aunque el protagonista sea el Komander.

Eso no es justificación para llenar el texto con difamaciones o imágenes malas del cine, no hay que olvidar que sin los hermanos Almada, Tarantino no sería fan del cine mexicano; puesto que también hay cine de culto en el cine de gangsters por parte de los mexicanos, para muestra de ello Gangsters contra Charros de 1948, dirigida y protagonizada por Juan Orol.

 

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