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Cine

PREGÚNTAME A DONDE VOY: CHAVELA VARGAS

 

artificial chavela

Pronto el público tomó lugar en una fila que parecía interminable, ansioso de mirar a aquella mujer a través del celuloide que dejó las calles, los cerros, las banquetas, los escenarios, el mar y su gente para inmortalizarse con su voz interprete del dolor y la soledad. En la pantalla bastó su nombre “CHAVELA”.

“No me preguntes de dónde vengo, pregúntame a dónde voy” 

Catherine Gund y Daresha Kyi son las directoras que se encargaron de retratar a través de entrevistas, testimoniales, canciones y fotografías a Chavela Vargas, la mujer que se atrevió a vivir como quiso y donde quiso; un documental lleno de melancolía, admiración, fuerza, voluntad, amor y soledad.

Nacida en Costa Rica, pronto supo que ese no era su lugar, una infancia dura y sola, extraña a su cuerpo mas no a su ser, sabedora de que un paraíso al que llamó México la esperaba, no para apapacharla sino para entregarle en sus manos a la “Chavela” y dejar en el sur a Isabel Vargas Lizano.

José Alfredo Jiménez fue su compañero de parranda, su amigo, su compositor y Chavela la mujer de los tragos de tequila, la de las manos grandes, la más macha entre los machos y la seductora a las que pocas mujeres le dijeron que no, la que amaba pero no se ataba.

“Es tan corto el amor y tan largo el olvido”

Una lista innumerable de personalidades entre artistas, cantantes, políticos, empresarios y de más estaban sentados a su alrededor esperando que su voz vibrara entre las paredes, que aquellos silencios entre cada estrofa fueran un suspiro de melancolía y no la última nota. México le dio parte de su personalidad y su tequila pero no sus grandes escenarios, Chavela era cada vez más dependiente del alcohol y su inalcanzable presencia se vio turbada, abandonó los escenarios.

Después de un largo tiempo llegó a España en 1992 y con Pedro Almodóvar se plantó frente a un público curioso que le aplaudió de pie innumerables veces. Chavela Vargas le hizo frente a todo y a todas aquellas personas que la cuestionaron o señalaron, lo único que no pudo desafiar fue al tiempo y la muerte.

 

 

Chavela regresó a España, cantó en Francia para una audiencia desconocida y para el final de sus días pisó Bellas Artes, ella quiso morir en los escenarios, pero la vida una vez más le dijo “no” y la postró en una silla de ruedas que odió toda su existencia.

La voz de Chavela Vargas retumbó en la sala de cine, carcajadas, lágrimas y suspiros, el filme había terminado y sin embargo la audiencia estaba sedienta de conocer más de ella. Al frente se paró “Nina”, también una protagonista en la historia de Chavela, un amor, una vida, una memoria. Ese día del 5 de agosto del 2012 a las 13:00 horas Chavela Vargas dejó de respirar, en sincronía a las 8 de la noche llovió en Ginebra como pocas veces sucede, Nina supo en ese momento mientras mira el agua correr por su ventana que la Señora Chavela había muerto.

“Mi nombre es Chavela Vargas, que no se les olvide”

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