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Cine

LOS 20 MEJORES MONÓLOGOS EN EL CINE

 

Los monólogos en el cine son siempre una apuesta. Renunciando al lujo de los movimientos de cámara y el apoyo de imágenes añadidas por computadora, el trabajo artístico se reduce a su más básico sentido de expresión. De esta forma, guionistas y actores se unen para cristalizar en escena un pensamiento, arriesgándose incluso a un ridículo.

Ya sea un discurso, una declaración, o la reflexión final de algún personaje, esta práctica ha demostrado ser una delicada flor en medio del filme –una que debe ser alimentada y muy bien cuidada por el contexto que le da soporte–. Y cuando todas las variables que lo acompañan se unen, el resultado puede ser uno de los mejores momentos jamás concebidos.

Actualmente muchos proyectos clásicos son reconocidos por haber lanzado en un par de líneas, o entregar con un dialogo bien pensado, el punto central de la cinta. Los temas son infinitos, limitados únicamente por la imaginación de aquellos que yacen en un denominado control creativo.

Varias han sido las maravillas creadas de esa forma desde la llegada del sonido al mundo cinematográfico, como evidencias de esas proclamaciones en pantalla tenemos The Day The Earth Stood Still (1951), Patton (1970), and ‘F’ For Fake (1973). Secuencias que sirven como una honorable mención de lo que hoy representan tanto como de aquellas personas que estuvieron tras el corte final.

Desde encarnar un atractivo discurso con corte político hasta el de expresar cierto salvajismo humano, la siguiente lista presenta 20 de los mejores monólogos cinematográficos de todos los tiempos.

 20. Reloj cucú – The Third Man (1949)

 artificial The Third Man mono

Cuando llegamos a medio camino de la clásica cinta de cine negro The Third Man (1949), el rápido y pequeño soliloquio del reloj cucú es fácilmente el más corto y al que mejor le queda empezar esta lista. Dicho esto, el monologo transcurre en labios del carismático Orson Welles, lo cual le da la imagen que tiene hoy.

Comparando ideologías a bordo de la Noria de Viena, el escritor Holly Martins (Joseph Cotten), se encuentra con su antiguo colega Harry Lime (Welles), a quien creían muerto. Como tal, la difícil interacción entre ambos hombres empieza a ganar más entusiasmo conforme la rueda está bajando.

Dentro del discurso, el punto central es que Italia, bajo el régimen de los Borgia, “se compuso de guerra, terror, asesinatos y derramamiento de sangre”, a lo que Lime dice que aun con eso “ellos tuvieron un Miguel Ángel, un Leonardo Da Vinci y el Renacimiento”.

Con tal comparación, cae bajo una correlación directa de ambos sucesos, de tal manera que el vistoso tono del actor expone una de las más grandes ironías que se han dado frente a la cámara: “Suiza tuvo amor fraternal, 500 años de democracia y paz,” dice, “¿y qué fue lo que produjo? El reloj cucú”. En cierto sentido, tiene razón. 

19. Whitney Houston – American Psycho (1999)

artificial American Psycho

Todos los temas sobre los que habla el maniaco Patrick Bateman están relacionados con la cultura pop, pero si hay un “monologo” que destaca entre los demás es el que gira en torno a sus pensamientos sobre Whitney Houston.

Luego de una burla recibida por el fanatismo hacia la cantante, Bateman (Christian Bale) se sumerge en una apreciación musical respecto al debut en 1985 de Houston. Es aquí donde Bale, respaldando sus palabras con música de fondo, habla maravillas por el hecho de que el álbum produjo cuatro sencillos que serían los #1, una asombrosa hazaña que de algún modo apela a sus tendencias psicóticas.

Bateman va más allá al hablar de forma melancólica acerca de “The Greatest Love of All”, una canción que, dice, "es una de las mejores y más potentes canciones que se han escrito". Y mientras que en la novela de Bret Easton Ellis todo ese argumento ocurre mentalmente, Bale nos vende muy bien tanto la locura y pasión por partes iguales de forma hilarante y a la vez extraña.

Al vincular el narcicismo dentro de la pista misma, Bateman solamente apunta hacia su propio delirio mientras aprecia la pieza. Sin embargo, dejando la locura de lado, definitivamente es la mejor canción de Whitney Houston. 

18. La avaricia es buena - Wall Street (1987)

artificial Wall Street

Al igual que su padre, Michael Douglas es capaz de hacer que los deseos más desagradables del hombre se vean como algo inventivo, incluso como saludables modos de vida. Y no hay mejor lugar para hacer notar esa capacidad y su brillo que en Wall Street, haciendo que aquel 1987 fuera un año para mostrar la violencia y fealdad del mercado de valores.

Elevándose por encima de sus compañeros de negocios por su excelente mentalidad para ellos, Gordon Gekko (Douglas) se encuentra particularmente inspirado por una sola palabra "avaricia", y cómo tal rasgo puede mejorar los niveles de vida. Oliver Stone (director y escritor) lo apuesta todo en la cinta y este argumento, cuyo resultado es excelente.

Douglas rezuma carisma tras el micrófono, su peinado inmutable y ojos penetrantes con el hambre de un halcón, los cuales atrapan a Charlie Sheen y el resto de los que están ahí. Cada palabra es tan densa al tratar la intención que subyace que justo el momento en que llega la hoy icónica expresión "la avaricia es buena", y pese a su verdadero significado y consecuencias reales, no parece afectar en lo más mínimo. 

17. El cazador de judíos – Inglourious Basterds (2009)

artificial Inglourious Basterds

El mismo Quentin Tarantino fue quien escribió este monologo para Hans Landa, el Coronel Nazi de Inglourious Basterds. Con el temor de haber escrito "una parte no reproducible", hasta que cayó en manos de la interpretación del actor austriaco Christoph Waltz, que fue quien le dio "vida", como él mismo lo dijera, para burlarse de tal elogio, y basta con mirar la escena de apertura de la película de Tarantino para probarlo. La escena ocurre en la cabaña de una familia que simpatiza con los judíos, donde se aprecian varios estados de ánimo por parte de Waltz, quien es a la vez encantador, caprichoso y fríamente calculador.

La sensación de amenaza es sorprendente. Landa logra demostrar en aquel momento qué es lo que lo hace un cazador de judíos tan efectivo.

Entre cumplidos al hogar en el que se encuentra y de un vaso de leche, es lo que se encuentra detrás de sus palabras lo que impacta al espectador. Y es que aun con cintas que también han abordado el tema de la Segunda Guerra Mundial, ninguna había presentado a un Nazi de esa manera, donde incluso una escena que se vuelve violenta al final impacta aún más a causa de la agradable actitud de Landa. El Nacionalsocialismo nunca se había escuchado tan educado. 

 16. No puedo continuar – M (1931)

artificial M 1931

Simpatizar con un asesino serial no es algo fácil de llevar a la pantalla. Excepto, claro, en el caso de la obra maestra de Fritz Lang, M de 1931. Este triunfo del expresionismo alemán, entrelazando las calles de Europa con la paranoia, nos conduce por el bajo mundo de los criminales en la búsqueda de un asesino de niños.

Cuando es llevado a juicio, el asesino (Peter Lorre) es llamado para hablar antes de ser sentenciado a muerte. Así, el espectador puede por primera y única vez escucharlo hablar, y donde el psicópata ofrece una explicación de lo que significa estar enfermo mentalmente.

Rechoncho, cansado y con ojos lastimeros, esta apariencia indeseable por parte de Lorre alcanza a fomentar la auténtica y aterradora sensación buscada para cerrar M. Al hablar, hace que se mire obligadamente a los criminales y cómo son condenados por tomar malas decisiones; Lang proyecta de ese modo una sombra de lo que significa realmente "el mal", haciendo de Lorre una figura de la cual apiadarse. Como resultado, la película trasciende su época llevándonos a una reflexión sobre la moral humana.

15. Sabía que esa gente… - París, Texas (1984)

artificial paris texas 1986

"Sabía que esa gente…", así es como abre este monologo de Paris, Texas (1984). El guion, escrito por L. M. Kit Carson y Sam Shepard, logra una escena que sacude emocionalmente a partir de las singularidades que la rodean. Travis Henderson (Harry Dean Stanton), luego de haber hallado a la madre de su hijo (Nastassja Kinski), es forzado a hablar por medio de una ventana. Su esposa, abordando un tema típico en el cine al estar inmiscuida en el baile exótico, acude para escuchar la casi fantástica historia que Travis hace de sus vidas.

Stanton, actor que nunca volvería a tener un papel como protagonista, entrega su alma en la secuencia. Un inicio en falso, una tos nerviosa y un recuento de triunfos, recuerdos y tragedias que se extienden hasta la conclusión que lo llevó a estar donde está. "Le amé más de lo que era posible".

Travis habla, confesando de qué manera añoraba afecto por parte de ella, sólo para recibir su rechazó cuando su hijo nació. Dirigida por un honesto Wim Wenders, el monologo representa la capacidad que tiene el cine para causar empatía.

14. “Tú no puedes con la verdad” – Cuestión de honor (1992)

artificial A Few Good Men 1992

"Tú no puedes con la verdad" está tan arraigada en la cultura pop que se ha vuelto difícil tomar tal línea en serio. Pero para 1992, recién estrenada “Cuestión de honor” de Rob Reiner, la infame línea significó más que el punto de referencia para un desbarajuste que habría de trascender generaciones. Llamados al estrado por el asesinato de un marine estadounidense, el coronel Jessup (Jack Nicholson) y el abogado Daniel Kaffee (Tom Cruise) discuten en la corte los detalles del caso al son de una tensión que va en aumento.

Por la irritante energía de Cruise y la constante molestia del coronel las cosas estallan en un soliloquio con respecto a qué significa la protección a la manera americana.

El guionista novato, Aaron Sorkin, teje una frazada verbal para que Nicholson se cobije y la bizarra elocución de tal contenido forja una imagen indeleble. El hecho de que la maldad necesaria del comandante salve vidas suscita una serie de preguntas que van más allá de lo bueno o lo malo –es posible que Jack tenga razón y nosotros no podemos con la verdad después de todo–. En fin, un monólogo clásico.

13. “El Horror” – Apocalipsis Now (1979)

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“No tienes derecho a llamarme asesino; tienes derecho a matarme.” Tal es la lógica del coronel Kurtz (Marlon Brando), un elocuente comandante que se oculta en las junglas de Vietnam. Él, antaño reconocido y condecorado en el campo militar, una leyenda del frente de Guerra, quien vaticinó la futilidad de los humanos, desertó. 

Brando, un intérprete emocionalmente ambicioso, fue notoriamente difícil durante la filmación de Apocalypse Now (1979), factores como los problemas de peso y las discusiones con Francis Ford Coppola. Milagrosamente, el talento improvisado funcionaba muy bien, sobre todo en este monólogo de cinco minutos que en gran medida y a su vez, también sería improvisado el día del rodaje.

Cubierto de la luz del sol, la desgarradora historia de Kurtz representa un duro golpe para el espectador. La conciencia de su propia locura, alineado con los males internos del hombre, resultan inquietantes, promoviendo además el conocimiento de que "nunca quiere olvidar" los horrores de los que fue testigo durante la batalla. Es una actuación que se trabajó intensamente sobre el paso, pero el dolor sin esfuerzo que evocaba en pantalla rápidamente demostró que tales luchas bien valieron la pena.

12. Yo bebo tu batido – Petróleo sangriento (2007)

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Petróleo sangriento (2007) no es fácil de ver. Al ser un filme que sacude el alma, compuesto salvajemente por el director Paul Thomas Anderson, está hasta el cuello de los oscuros vicios de los celos, el odio y la codicia. Como resultado, el violento climax de Petróleo sangriento  libera el resentimiento de un hombre que tiene un vacío por corazón y una bolero en su sótano.

Al ocurrir quince años después de los eventos principales de la trama,  el severo hedonista Daniel Plainview (Daniel Day-Lewis)  realiza una visita al intrigante Eli Sunday (Paul Dano), solo para decir al predicador lo que piensa de él en realidad.

Es una exposición cruda. Day-Lewis,  poniéndole el moño a su Segundo premio de la Academia, se da a la tarea de arruinar al hipersensible Sunday proclamándolo como la “placenta que se deslizó fuera de la suciedad de su madre.”

La interpretación barítona del actor como Plainview es terrorífica e hilarante en igual medida y reconocida, sobre todos, por el icónico mantra “¡yo bebo tu batido!” que guía este desmembramiento verbal a su cierre. Estampar la cabeza de Eli contra un pino es mera formalidad: el daño ya estaba hecho con una de las mejores habladurías de la memoria reciente, 

11. Los sicilianos – La Fuga (1993)

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Christopher Walken y Dennis Hopper aparecen brevemente en la película de 1993, La Fuga, así que su actuación es un testamento del talento de estos reyes del carisma y proporciona el momento más icónico.

Estando cautivo en manos  del consigliere Walken, el ex policía de Hopper hace el tonto mientras Clarence (Christian Slater) y Alabama (Patricia Arquette) se hacen de una absurda cantidad de dinero gánster. A sabiendas de que la muerte le pisaba los talones, Hopper suelta una sarta de comentarios que resultan en una lección completa de historia. Tony Scott es excelente, pero es el guion de Quentin Tarantino lo que brilla en realidad, el mejor discurso de despedida jamás dicho en un filme.

Para uno, la confidente sonrisa de Walken no tiene precio. El contoneo proyectado sobre un Hopper ensangrentado es intoxicante, aunque pronto se disipa con las noticias de que los moros invadieron Italia y se mezclaron con mujeres sicilianas. “Por eso el pelo rubio y los ojos azules se convirtieron en pelo negro y piel oscura” explica con  presumida satisfacción, antes de que ambos estallen en risa. La cabeza de Hopper consigue ser volada poco después pero esta comparación ha de vivir por siempre. 

10. Carpe Diem – Dead Poets Society (1989)

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Robin Williams fue un intérprete único en su tipo. Un prodigio de la comedia y un as en el drama, su variada gama de capacidades histriónicas proporcionó a los espectadores un refugio seguro en la pantalla grande. Su talento al hablar, casi como un arte del discurso funcionó extremadamente bien; ya sea con humor en Good Morning, Vietnam (1987) o algo más serio como en Good Will Hunting (1998); y aunque los ya mencionados monólogos son memorables, ambos toman un asiento trasero al ponerse frente al "carpe diem” de 1989.

Interpretando al profesor John Keating, Williams ofrece un discurso que inspiraría a cualquiera. La mortalidad es prevalente en este discurso, una idea ajena a la tanda de chicos jóvenes a los que se dirige.

Así, al poner las cartas del pasado sobre la mesa impactando delante de ellos cada situación, Keating reta a cada uno para aprovechar el día, y para honrar el legado de sus antecesores. "Somos alimento para los gusanos, muchachos", informa el profesor, sacudiendo sus aspiraciones. Seguro es decir que había tenido un gran comienzo.

9. Todos los individuos han nacido iguales– Matar a un ruiseñor (1962)

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Atticus Finch es uno de los verdaderos héroes de la ficción moderna: un padre soltero que se enorgullece de su trabajo. La  historia autobiográfica de Harper Lee construyó un personaje completo, un pilar de integridad que se niega a ceder en diatribas morales.

Le tomó a un actor una pasión desbordada traer tal personaje a la vida y Gregory Peck hace más que triunfar en lo que probaría ser su rol definitivo en la pantalla. Harper estaba tan complacida con la actuación que, de hecho, le obsequió a Peck el reloj de oro de su padre, reacción entendible dado el poder de su discurso.

Arrinconado y perdiendo uno a uno a los miembros del jurado, el abogado sureño Finch esgrime un argumento final por la vida del negro Tom Robinson (Brock Peters). En cuestión de minutos, el experto explica con precisión quirúrgica por qué “este cao nunca debió haberse traído a juicio”

La lógica manda y en Segundo Finch rompe el muro de empatía y les implora a sus conciudadanos tomar la correcta y justa decisión. “Todos los individuos han nacido iguales”, explica él. Tales ideales no deberían ser fantasía sino “una realidad viva y funcional” que disipe los errores del ayer y vele por la armonía del mañana. Atticus Finch vio el futuro y esta emocionante escena es la prueba.

8. La Cena – Ladrón (1981)

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“Tienes que olvidarte del tiempo”, explica Frank, estacionado detrás de una cabina con la despampanante rubia Jeesie (Tuesday Weld) prestándole atención. “Tienes que ir a donde nada significa nada”.

Como lo explica el resumen, Frank es el santo patrón de todos aquellos quienes desean ganarse la vida siendo criminales, elaborado hasta la saciedad por el novato escritor / director Michael Mann. El ladrón que se convirtió en el autor John Seybold (seudónimo de Frank Hohimer) fue una inspiración fundamental, aunque es sin duda la obra de Mann y el actor James Caan que eleva este momento que habría de definir sus carreras.

Pese a empezar como una irritable relación, Frank y Jessie rápidamente descubren una conexión entrañable. Elucubrando poéticamente sobre un descuerdo de penitenciaría que se puedo feo, el encantador actor pone su mejor esfuerzo y toda la desesperación subyacente a líneas como “no puedo trabajar lo suficientemente rápido como para ponerme al día” no hacen más que reafirmar su potencial. Con confianza, pero inseguro,  Caan tilda este momento como uno de sus mejores. Es difícil rebatirle.

7. Pude haber sido un competidor - On The Waterfront (1954)

artificial On The Waterfront 1954

Los monólogos eran el arma perfecta para un tipo como Marlon Brando. En el escenario los masticaba como chicle, y si desbordó carisma con alguno lo podemos ver esta escena icónica de On The Waterfront (1954).

En un plano junto a su hermano Charlie (Rod Steiger), el cansado estibador (Brando) decide dejar las cosas claras con él de una vez por todas. La amargura de lo que siente se desliza en cada sílaba que sale de su boca, farfullando sobre caídas forzadas a las que se sometió en el ring de boxeo, mientras apenas y brillan un par de intentos de consuelo por parte de Charlie.

Incluso entonces, casi al final del amargo desahogo de Brando, el monologo se convierte en la expresión de miedo de un hermano menor, de alguien que anhela aprobación. “Pude haber sido un competidor, pude haber sido alguien" es la célebre proclamación de esta cinta, "en vez de un vagabundo, que es lo que soy."

Compartiendo sus miradas se alcanza a sentir su pesar, un acompañamiento que va más allá de lo patético y triste “Tú eras mi hermano, Charlie, debías ver por mí”. Aun con todos los aspectos políticos que hubo en esta cinta, el énfasis de Elia Kazan, el director, sobre dos sujetos en un asiento trasero ha sido lo que ha superado realmente la prueba del tiempo.

6. Siempre estar cerca - Glengarry Glen Ross (1992)

artificial Glengarry Glen Ross

La moral es llevada a un nuevo nivel con Glengarry Glen Ross, drama de 1992, que podría considerarse una clase de actuación en pantalla. Trabajando a partir de un guion de David Mamet, la película retrata a un departamento de ventas luchando por mantenerse a flote, ya sea con artistas de nivel medio (Jack Lemmon, Alan Arkin), gerentes abrumados (Kevin Spacey), o compañeros que sólo se quejan (Ed Harris).

Tales circunstancias obligan a los altos mandos a enviar a Blake (Alec Baldwin) para reunir a las tropas de la forma más abusiva verbalmente.

Baldwin resulta como una verdadera revelación en esta breve actuación. Empuñando el diálogo de Mamet como una espada, la cual pone en todas y cada una de sus expresiones con una alegría imprudente. "Una llamada mediocre puede obsesionarme, o el éxito llamarme por consejo," se jacta, antes de ir por tangentes sobre su reloj y la necesidad de “bolas de hierro”. "¿Tengo su atención, ahora?"

5. Tan loco como el demonio - Network (1976)

artificial Network 1976

Mucho enojo. Eso es obvio al leer el título, pero la mordaz exposición de Sidney Lumet viene a la mente como un reflejo tanto de miedo como de imponencia ante el sueño americano. Proveniente de un hombre al borde, cansado; Howard Beale (Peter Finch) amenaza, al aire, con suicidarse durante una de sus presentaciones en las noticias a lo largo de las dos últimas semanas que le restan.

Escrita por el guionista Paddy Chayefsky, la afrenta de Beale sobre la situación en Estados Unidos resulta extrañamente profética. "El aire es irrespirable y nuestro alimento no es apto para comer", dice en un momento antes de anunciar crímenes violentos y homicidios como si "¡esa fuera la manera en la que se supone que todo debe ser!”

La entrega excéntrica de Finch se hace aún más alarmante cuando se da cuenta de la validez de sus palabras –un lavado de cerebro nacional para relajar al pueblo, mientras los poderosos juegan a ser Dios–. En el momento en que Beale dice lo que hoy se reconoce como firma de este monologo: "¡Estoy tan loco como el demonio, y no voy a soportarlo más!", Network golpea un nervio sensible que todavía hoy necesita curación.

4. Ezequiel 25:17 - Pulp Fiction (1994)

artificial Pulp Fiction 1994

Múltiples monólogos vienen en Pulp Fiction de Quentin Tarantino (1994). Tenemos aquel con el que abre Samuel L. Jackson sobre Big Kahuna, o el discurso de Christopher Walken, que sin duda le abrió un camino en múltiples audiciones de actuación en las décadas posteriores.

Pero más allá de ellos, encontramos al final de la película uno que refleja la actitud del personaje interpretado por Jackson. Vestido como un padre en Disneyland y que apunta su cañón a un no muy suertudo Tim Roth, el actor nominado al Oscar establece en un despliegue verbal algo tan revelador como totalmente fresco en el contenido y en comparación con el resto de la cinta.

Atrapado en un "período de transición", Jules Winfield se reserva el típico tiroteo para tener la oportunidad de sacar algunas cosas de su pecho. A saber, Ezequiel 25:17, un (ficticio) pasaje de la Biblia que sólo significaba malas noticias cuando estaba al otro lado de su 9MM. Sin embargo Winfield admite no saber nunca lo que este pasaje realmente significaba hasta ahora, frente a la "tiranía de los hombres malos" al tratar de ser el pastor en un mundo débil. Uno de los grandes momentos de Tarantino por excelencia.

3. Filibustero – Mr. Smith Goes To Washington (1939)

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Varios de los monólogos en la presente lista se relacionan directamente con hechos malos llevados a cabo por la humanidad. Por ello, tenemos un discurso tan refrescante y esperanzador como el de James Stewart en Mr. Smith Goes To Washington (1939).

Trabajando por segunda ocasión con el director Frank Capra, Stewart toma el papel con un gran abandono de sí, sin hallar una muestra más tangible de eso que cuando se llega a la maniobra final del filme. Aunque es obligado a permanecer en silencio hasta que su nombre sea limpiado del escándalo en el cual está inmiscuido, el Senador Smith proclama todos los ideales americanos al recitar pasajes de la Constitución.

A medida que la esperanza en el personaje va decreciendo y Smith cae en la desesperación, este último himno alegre por una causa que ahora parece perdida realmente captura al espectador. En un mundo susceptible a la falta de honradez, el ver a un hombre, de ficción o no, dar un soporte discursivo por el bien de la integridad es francamente inspirador. "Alguien me escuchará ", dice poco antes de derrumbarse en el suelo. Setenta años más tarde, la gente sigue escuchando.

2. Indianápolis - Jaws (1975)

artificial Jaws 1975

Monólogos de este tipo se realizan una vez en la vida. Originalmente escrito por Howard Sackler, las líneas del U.S.S. Indianápolis y sus secuelas eran complementadas por el guionista John Milius; amigo cercano del director Steven Spielberg, quien infunde una actitud al estilo de Hemingway y de la que se benefició en gran medida el carácter de Quint.

En consecuencia, tres cuartas partes de una página se transformaron en un discurso corto, que el actor Robert Shaw mismo pidió revisar y reescribir antes de rodar. El producto final fue una combinación de tres talentos individuales que comprenden una escena realmente inolvidable de experimentar.

Shaw, luciendo un acento británico, cuenta la historia de Indianápolis como si fuera una historia de terror, a la par del hecho de que hay hombres varados en el mar, luchando para defenderse de los tiburones. "A veces el tiburón se irá lejos, y a veces no se irá," dice, antes de describir imágenes demasiado tortuosas para imaginar.

Hasta este momento de la película, Quint no es nada más que un marinero nihilista con una inclinación por apuñalar al tiburón. Pero es aquí, su momento de meditación verbal, donde el personaje (y su monólogo) se convierten en un mito para la película.

1. Discurso Final - The Great Dictator (1940)

artificial Final Speech The Great Dictator 1940

¿Dónde puede uno siquiera empezar con este discurso? Charlie Chaplin, un hombre conocido por su devoción al cine mudo, terminó otorgándole al arte uno de los más grandes diálogos hasta la fecha.

Los paralelismos con Hitler son evidentes. Pero a pesar de que este este retrato de Chaplin apenas revela los inminentes horrores del Tercer Reich, presenta con mayor importancia el sentimiento unificador de la humanidad: el amor.

Es simplemente sublime. "Pensamos demasiado y sentimos demasiado poco", advierte al hombre moderno, antes de romper en diatribas apasionadas prometiendo que "aunque los hombres mueran, la libertad no perecerá jamás."

Chaplin, un veterano de la pantalla durante más de treinta años, nunca había pronunciado más de unas pocas palabras, haciendo que esta efusión ideológica fuera aún más impactante. Más tarde, él mismo afirmaría no haber conocido el alcance total del nazismo, y que de haberlo sabido no habría hecho nunca la película. Afortunadamente, lo hizo, y el mundo tendrá siempre esas hermosas palabras a su alcance. 

Traducido de: http://www.tasteofcinema.com/2016/the-20-best-movie-monologues-of-all-time/

 

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